Hay otro apartado del evangelio (Marcos 16, 17-18)que dice: "a los que creyeren les acompañarán estas señales; en mi nombre echarán los demonios, hablarán lenguas nuevas, tomarán en las manos las serpientes y si bebieren ponzoña, no les dañará, pondrán las manos sobre los enfermos, y estos se encontrarán bien" y no se refiere sólo a los sacerdotes u obispos, sino todo el que crea en Él.
Estando un día predicando el Señor le dice uno de sus discípulos, Señor: "ahí hay uno que en tu nombre echaba los demonios fuera y no es de nuestra compañía y se lo hemos prohibido" "no se lo prohibáis porque ninguno que haga un milagro en mi nombre hablará luego mal de mí" (Marcos 9, 38-40), él no era del grupo de los apóstoles, y sin embargo, hacía lo mismo que Él, porque creía en él.
Muchos sacerdotes piensan que eso de imponer las manos a los enfermos sólo es cosa de ellos, pues están equivocados, si que es verdad que todos ellos deberían imponer las manos a los enfermos y estos sanarían con su fe y la del enfermo, pero no es solo una exclusiva para ellos, sino para todo aquel que crea en Jesucristo.
Para hacer oración por los enfermos, primeramente se ha de creer en Jesucristo, tener fe, ser seguidor de Jesús, ser compasivo con los demás, ser consciente de que el que sana es Jesús, que nosotros sólo somos instrumentos suyos, y que la gloria siempre es de nuestro Dios.
Todo aquel que se atribuya los dones y Carismas del Señor, va mal encaminado, también de él dirá el Señor en el juicio final: Vete que no te conozco, ¡pero si hice milagros en tu nombre¡, pero Él responderá: Vete que no te conozco.
Cuando la gente tocaba al padre Tardif, el decía: ¡Tocad a Jesús, a mí no me toquéis, que yo sólo soy el burro que lleva al Señor!, y ¿verdad que nadie toca al burro?, ¡así que tocad a Jesús y no me toquéis a mí!.
Los sacerdotes tienen la potestad de perdonar los pecados, y también la obligación moral de imponer las manos a los enfermos, para que estos mejoren, y que mejor que ellos, que tienen las manos consagradas, y tocan al Santísimo cada día, ¿qué mejor obra que esta?, ¿porqué se ha de esperar a que esté uno muy enfermo para que se le Extremaunción?, quizás cuando uno decida de darla ya sea demasiado tarde.
El sacramento de la Extremaunción es un sacramento de vivos no de muertos, y al administrarlo se pide la sanación del enfermo, exijamos en nuestras parroquias que se administre, nuestros sacerdotes no se enteran si no se les dice la voluntad del enfermo.
Desde estas líneas invito a todos los sacerdotes que tanto en la confesión, como al visitar a algún enfermo, que impongan sus manos bendecidas sobre el enfermo, puede ser que toque al enfermo cincuenta veces y este no se cure ni note nada, pero en algún momento el Señor derramará sus gracias a través de sus manos y su oración y el enfermo sane, sino se intenta el enfermo nunca sanará por este medio, el padre Tardif, necesitó ocho meses hasta que el Señor obró la primera sanación a través de él.
Miles de sacerdotes de la Renovación Carismática Católica lo están practicando este medio de sanación, y no por ello uno se ha de hacer de la Renovación Carismática. El Señor sigue sanando igual que antes, Él está entre nosotros y ama a su pueblo, a su Iglesia, y quiere que estemos bien, que seamos felices. Para eso nos creó, para que disfrutáramos de su felicidad. Pero el pecado enturbió la felicidad del hombre y vino la enfermedad y la muerte, Él no deseó este mal para nosotros, lo trajo el pecado y para remediar esto mandó a su Hijo Jesucristo que derramó su sangre por nosotros, por nuestros pecados, y sus consecuencias, y la enfermedad es una consecuencia del pecado. El no quiere que estemos enfermos, al contrario nos quiere felices. No digas el Señor quiere que estemos enfermos, no es cierto el nos quiere libres, libres de la esclavitud del pecado y sus consecuencias, tampoco es cierto que tu enfermedad sea derivada de tu pecado. Porque cuando te confiesas y quedas limpio, tu enfermedad también debería desaparecer y no es así.
Pero si que es verdad que si vives una vida desordenada de vicios puedes adquirir alguna enfermedad, como el que bebe alcohol, lo más seguro es que enferme del hígado, tan bien es cierto que de vez en cuando el Señor se vale de alguna enfermedad para darte un toque de tu comportamiento, pero si vas a Él con el corazón arrepentido, nos escucha y nos sana.
Por mi experiencia cuanto mas te entregas al Señor, más notas su amor, y entonces no te importa nada de lo que te suceda, porque confías en El. Y le amas y escuchas su voz, todo esto es normal, lo anormal sería que no sucediera, Él no nos dejó huérfanos, cada día está en el Sagrario esperándonos, y nadie va a visitarlo, que lástima que seamos tan desagradecidos al Dios de la vida, al Dios del amor.
A partir de la bajada del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el Cenáculo Él derramó sus dones y Carismas y muchos cristianos eran colmados de ellos, las Sanaciones, los Milagros, la Oración en Lenguas, las Profecías, las Palabras de Conocimiento, el Descanso en el Espíritu, todo esto se daba, ¿porqué ahora no?, ¿qué ha hecho nuestra Iglesia para recuperlos?. Poca cosa ha hecho en este sentido, hemos dejado de lado al Espíritu Santo, al dador de los dones, se le ha olvidado a lo largo de la historia, pero ahora con el movimiento carismático han vuelto a resurgir estos dones y Carismas olvidados, la Renovación le está dando un viento fresco a nuestra iglesia Católica, se está renovando, el cristiano vuelve a renovar su amor a la Iglesia, a nuestros sacerdotes, el amor hacia las demás personas, amor a los Sacramentos, a la lectura de la Biblia, a renovar nuestra persona, amor a nuestra madre la Virgen María. La Renovación Carismática está llenando los seminarios, está trayendo muchas vocaciones. El Santo padre Juan Pablo II está muy contento con la Renovación Carismática, el mismo dice que él siempre ha sido carismático. Bendigamos a Dios porque no se ha olvidado de nosotros, de su pueblo, porque somos la niña de sus ojos.
Gloria al Señor. Angel